top of page

Incertidumbre a inicios del nuevo año

  • Foto del escritor: Instituto Wöhler SC
    Instituto Wöhler SC
  • 7 ene
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 9 ene



El “síndrome” de inicio de año: cuando el futuro se siente incierto


Hay un momento que se repite casi de manera universal entre el cierre de un año y el inicio del siguiente: de pronto, el futuro se siente inmenso, difuso y, en ocasiones, amenazante. No siempre sabemos cómo llamarlo, pero muchas personas están experimentando lo mismo: incertidumbre.


La incertidumbre es, en términos simples, la percepción de no tener control sobre lo que viene. Y ésta es una de las paradojas inevitables en la vida: nadie controla el futuro. Sin embargo, lo que sí podemos trabajar es el estado interno desde el cual lo sentimos y lo interpretamos.


Ver de frente nuestro futuro en un estado alterado, no solo cambia la forma en que pensamos y percibimos el futuro; cambia también la manera en que gestionamos el presente, sin detenernos a identificar cual es la emoción que nos está afectando, para poderla resolver.





¿Qué ocurre en el cerebro, el cuerpo y las emociones cuando vivimos la incertidumbre?


Método Wöhler: emociones y significado.

Desde la neurociencia afectiva, la incertidumbre suele experimentarse con emociones como ansiedad, miedo y frustración. Estas emociones no surgen solo por lo que podría pasar, sino por las experiencias pasadas no resueltas y por la dificultad de anticipar y dar sentido a lo que viene.


Así, buscamos constantemente una coherencia narrativa y al no poder construir una historia clara del futuro, aparece un malestar emocional. Esto explica por qué muchas personas sienten angustia incluso cuando “objetivamente todo está bien”.


Método Wöhler: el cerebro frente a lo desconocido.

Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano no está diseñado para tolerar fácilmente la incertidumbre. La falta de predictibilidad activa circuitos ancestrales cuyo objetivo principal es reducir el riesgo para asegurar la supervivencia. Así, nuestro cerebro prefiere una amenaza conocida antes que una posibilidad indefinida, incluso si esta última podría ser viable y positiva.

Cuando el futuro se percibe borroso, el cerebro interpreta esa falta de información como un posible peligro.





La incertidumbre casi siempre es miedo y no siempre es “racional”


Método Wöhler: amígdala, corteza prefrontal, conducta y toma de decisiones.

La amígdala, estructura clave en la detección de amenazas, se activa ante escenarios inciertos. Esta activación incrementa la vigilancia, la anticipación negativa y la reactividad emocional.

Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, responsable de la planificación, la toma de decisiones y la regulación emocional, reduce su eficiencia cuando el sistema está sobrecargado por el riesgo de la incertidumbre. Esto explica por qué, en estados de incertidumbre prolongada:

  • Evitación: Nos cuesta trabajo decidir, dudando de nuestras habilidades y capacidades para no equivocarnos

  • Parálisis: Tendemos al pensamiento catastrófico, diseñado para sobrevivir, quedando atrapados en la procrastinación, retrasando tareas importantes.

  • Impulsividad: decidir rápido para cerrar la incertidumbre, sin evaluar los posibles caminos, pues sólo estamos tratando de sobrevivir.


Estas respuestas no son fallas personales, sino adaptaciones temporales inconscientes del sistema nervioso ante la percepción de amenaza, priorizando la supervivencia por sobre la expansión y el crecimiento, para conservar la vida.

En este estado, es fácil que la mente se vaya a escenarios como: “¿y si no sale?”, “¿y si no puedo?”, “¿y si pierdo…?”. Lo importante es comprender que el cuerpo no reacciona a lo que pensamos, sino a la emoción que nuestros pensamientos producen. Así nuestro cuerpo se adapta para un peligro que no termina de llegar, quedando atrapado en una alerta biológica crónica que activa el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HHA), aumentando la liberación de adrenalina, cortisol y noradrenalina, afectando:


  • La memoria

  • La concentración

  • Altera el sueño

  • Incrementa la fatiga física

  • Disminuye la eficiencia del sistema inmunológico.


Intentar pensar en otra cosa sin atender el estado emocional, mental y corporal suele fracasar. El sistema de alerta no se calma con argumentos; se calma con procesos de acompañamiento terapéutico Psico-bio-neuro-emocionales que nos reconectan a los recursos que tenemos y hemos olvidado, para gestionar nuestro presente con seguridad y asomarnos a nuestro futuro con confianza




Una forma simple de volver a la seguridad: mira lo que sí construiste


La buena noticia es que el cerebro es plástico y podemos aprender a regular nuestro estado emocional interno. Una manera muy humana de reconectar con tu seguridad es voltear a ver el año que ya viviste.

Cuando recuerdas:


  • Lo que si resolviste.

  • Lo que si atravesaste.

  • Lo que si conquistaste

  • Lo que aprendiste.

  • Lo que sí lograste.

  • Lo que creaste o mejoraste. 


Tu percepción cambia. Y cuando cambia tu percepción, cambia tu emoción que el cuerpo si escucha. En otras palabras: conectas con otras emociones y fortalezas… y tu cuerpo responde distinto. Esto no es motivación; es una reconexión con tus habilidades y vivencias positivas, que le devuelve a la corteza prefrontal su capacidad de liderazgo y a ti, tú confianza.





Método Wöhler: Ejercicio breve para salir del “modo amenaza” y recuperar la dirección


  1. Haz una lista rápida de cinco logros del 2025.No tienen que ser grandes hitos; los pequeños también cuentan. Léelos en voz alta, uno por uno, y observa qué sucede en tu cuerpo con cada logro: cómo se mueve tu respiración, qué sientes en el pecho, en la garganta, en el estómago. Identifica la emoción que aparece —orgullo, alivio, gratitud, calma— y anótala junto a cada punto.


  2. Escribe cinco cosas que te gustaría vivir en 2026.Pueden ser metas, proyectos, experiencias, lugares, vínculos, acciones o estados internos. No las filtres ni las ordenes todavía; deja que aparezcan.


  3. Elige una de esas cinco y define un primer paso posible.No el plan completo, solo el gesto inicial. Algo concreto, realizable y ponte un plazo fijo cercano en el tiempo.


Un paso claro le devuelve al sistema nervioso una sensación de dirección. No resuelve el año, pero rompe la vivencia de estancamiento y reactiva la confianza y el movimiento interno.


No necesitas resolver todo el 2026 en tu cabeza. Dar el primer paso pone en marcha la sensación de acción y valentía.





Método Wöhler: Un ingrediente extra


A través de los talleres y terapias psico-bio-neurológicas del Método Wohler, aprendes que no se trata de eliminar la incertidumbre, sino de regularla de forma saludable, sin que el sistema nervioso colapse ni viva en estado de alerta constante.


Desde este lugar de regulación interna, el futuro deja de percibirse como una amenaza y vuelve a abrirse como un espacio de posibilidad. Un espacio que te devuelve algo esencial:“La tranquilidad necesaria para avanzar con un movimiento firme, auténtico y sostenible en el tiempo”.


Invertir en ti es invertir en tu tiempo, en tu proceso y en tu bienestar profundo.En el Instituto Wohler, te esperamos con los brazos abiertos.





¡Platícame de tus logros!


¿Cuáles son esos 5 logros que escribiste? ¿Cuál es el primer paso que vas a dar para 2026? Será increíble leerte.




Te dejo las referencias PARA TU INFORMACIÓN:

Arnsten, A. F. T. (2009). Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, 10(6), 410–422. https://doi.org/10.1038/nrn2648


Barrett, L. F. (2017). How emotions are made: The secret life of the brain. Houghton Mifflin Harcourt.


McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006


Sapolsky, R. M. (2017). Behave: The biology of humans at our best and worst. Penguin Press.


Comentarios


Publicar: Blog2_Post
bottom of page